TANGO Nueva actividad en la ABP
Bailar tango se ha consolidado en los últimos años como una herramienta innovadora de rehabilitación para personas con enfermedad de Párkinson, combinando ejercicio físico, estimulación cognitiva y apoyo emocional en una misma actividad. Cada vez más neurólogos y equipos de rehabilitación recomiendan esta danza como complemento al tratamiento farmacológico tradicional.
Una danza que entrena la marcha
El síntoma motor más característico del Párkinson es la alteración de la marcha: pasos cortos, lentitud y episodios de bloqueo que dificultan desplazarse con seguridad. El tango resulta especialmente adecuado porque su paso básico es, precisamente, caminar al ritmo de la música, alternando avances, pausas y giros que obligan a planificar cada movimiento.
Diversos estudios clínicos han mostrado que programas de tango de varias semanas mejoran el equilibrio, la velocidad de la marcha y la estabilidad postural en comparación con ejercicios convencionales. Revisiones sistemáticas señalan que, entre distintos estilos de baile, el tango es uno de los que genera mayores beneficios en la función motora y en la calidad de vida de las personas con Párkinson.
Estimulación del cerebro y de la mente
Más allá del cuerpo, el tango exige atención sostenida: seguir el compás, escuchar indicaciones, anticipar los pasos de la pareja y adaptarse al espacio disponible en la pista. Esa combinación de ritmo, coordinación y toma de decisiones simultáneas actúa como un entrenamiento cognitivo que refuerza funciones como la concentración, la memoria de trabajo y la planificación.
La música rítmica también desempeña un papel clave, ya que ayuda al cerebro a generar patrones de movimiento más fluidos y a reducir los bloqueos de la marcha típicos del Párkinson mediante la llamada estimulación rítmica auditiva. Profesionales de la neurología destacan que integrar este tipo de actividades desde fases tempranas de la enfermedad contribuye a mantener la autonomía y a retrasar el deterioro funcional.
Impacto emocional y social
El tango no solo se vive como terapia, sino como experiencia social: las clases se organizan en grupos donde participan personas con Párkinson, familiares y voluntarios, creando redes de apoyo que reducen el aislamiento. Quienes acuden a estos talleres describen un aumento de la confianza, la autoestima y la sensación de pertenencia, al pasar de verse como pacientes a sentirse bailarines capaces de aprender y disfrutar.
Investigaciones y reportajes coinciden en que la tangoterapia ayuda a disminuir la ansiedad y los síntomas depresivos, problemas muy frecuentes en esta enfermedad crónica. Los especialistas subrayan que los beneficios emocionales y sociales se suman a las mejoras físicas, configurando una intervención integral que humaniza la rehabilitación y devuelve protagonismo a la persona más allá del diagnóstico.
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